Un nuevo estudio de los Andes colombianos indica que la cantidad de bosque cercano es tan crítica como la sombra en la finca para sustentar la diversidad de aves en los paisajes cafetaleros. La investigación publicada en el Journal of Applied Ecology sugiere que, para que el café sea verdaderamente amigable con las aves, los esfuerzos de conservación deben mirar más allá de los límites de la finca hacia el ecosistema circundante. El estudio fue realizado en el departamento de Cundinamarca por ecólogos de SELVA y el Smithsonian Migratory Bird Center.
Los investigadores rastrearon comunidades de aves en fincas de café de sol, fincas de café de sombra y hábitats forestales. El hallazgo clave fue que la cobertura forestal en un radio de 2 kilómetros influyó positivamente en la presencia de todos los tipos de aves estudiados, incluyendo especies migratorias, así como aquellas de interés para la conservación. Las aves especialistas en bosques fueron las más sensibles, requiriendo paisajes con más del 32% de cobertura forestal para alcanzar una ocupación media; además, estuvieron casi totalmente ausentes de las fincas de café, independientemente de los niveles de sombra, en paisajes con menos bosque.
Estos hallazgos tienen implicaciones significativas para la industria del café y las certificaciones ambientales. Si bien la sombra densa y diversa en las fincas beneficia a las especies de aves generalistas, resulta insuficiente para proteger a los especialistas forestales más sensibles. La investigación sugiere que certificaciones como Smithsonian Bird Friendly, que ya cuenta con estándares de sombra rigurosos, podrían necesitar evolucionar para incorporar métricas a nivel de paisaje. Esto refuerza una estrategia dual de uso compartido de la tierra (agroforestería) y reserva de tierras (preservación de bosques) como elementos esenciales para una conservación de la biodiversidad efectiva y permanente en las regiones cafetaleras.